
Inmortal. Suena eterno. Largo. Con algún remoto principio, pero sin final. Aunque, ¿quién sabe? Todo debe tener un final en algún momento.
Pero hay quienes osan desafiar lo que por lógica debe ser. Son los rebeldes de la vida.
Tal vez haya quienes anhelen esa inmortalidad, ese transitar edades completas; ese saber que mañana te vas a despertar, y también pasado mañana, y al día siguiente y todos los demás días... Hay quienes se fascinan con el sólo hecho de pensar en una vida eterna. Y hasta harían cualquier cosa por obtenerla...
Pobres de ellos.
Tan sólo puedo compadecerme de su estupidez.
Porque evidentemente, no entienden nada.
No hay peor castigo que la eternidad.
No existe absolutamente nada más espantoso que el hecho de saber que siempre vas a despertar al día siguiente, y al otro, y al otro...
Ver que todos a tu alrededor crecen, envejecen y mueren, mientras que tú permaneces incólume al paso del tiempo, desafiando a la naturaleza, burlando a los años.
Huir de cada lugar porque empiezan a sospechar de ti.
No recordar siquiera cómo es un amanecer. Haber olvidado ya sus colores, su aroma, su esencia. La tibieza del sol...
Inmortal...
Es saberte tiempo que pasa y nunca se detiene.
Tiene gusto a tragedia esa palabra. Gusto a sufrimiento, a dolor. A ver y no ver al mismo tiempo. A saber que debiste dejar este mundo hace mucho, pero por una mala jugada del destino, seguís ahí parado, esperando ansioso a que llegue tu turno, sabiendo que tal vez debas seguir ahí por muchos siglos más.
Tiene gusto a cárcel esa palabra. A sentirte prisionero de vos mismo. A querer, por momentos, terminar con todo... y por momentos no. Por miedo. Porque no sabés qué hay del otro lado. Qué te va a esperar para todo lo demás. Miedo a un calvario peor al que "vivís" (si a esto se le puede llamar vida). Miedo a la oscuridad total. Miedo al infierno que estás seguro, te está esperando al cruzar el umbral que hace tanto esquivaste...
Y te preguntás por qué seguís acá. Por qué no te fuiste. Por qué tuviste que volver de ese sitio de paz que aun hoy recordás, y al cual sabés, no vas a volver jamás.
Inmortal.
Es tener ya tanto para recordar que no te alcanza la memoria para guardarlo todo. Aunque a veces es mejor. Te evita sufrir... Pero no tanto como quisieras.
Ayer me enteré que acabaron con quien supo mantener un soplo de esperanza en mi ser.
Yo la amaba; si es que aun soy digno de tan grandioso sentimiento.
Era quien me hacía ver los días de un modo diferente. Me daba esperanza. Me daba ilusión. Traía paz a mi corazón detenido hace ya tantos recuerdos.
Era capaz de convertir la realidad triste y lúgubre, en algo hermoso, digno de un cuento de hadas.
Sus ojos eran un hechizo bendito por el paso de largas horas inmemoriales.
Su risa era como una melodía de la eternidad.
Ella me daba su amor en caricias, besos, palabras. Incluso, hasta en silencios...
¿Cómo he de afrontar ahora, este miedo tan cercano, esta melancolía, este dolor que siento nacer desde lo más profundo?
¿Cómo hacer para seguir y seguir por esta senda de tinieblas sin ella a mi lado para ponerle algunas flores y algo de encanto a tanta oscuridad?
¿Cómo no perderse en la inmensidad de un instante? Sabiendo cuánto sufrió, cuánto lloró, ¿como calmar esta sed de venganza?
Resulta imposible aplacar un sentimiento que crece minuto a minuto. Ya sea de amor... o de profundo odio. Amor hacia ella. Odio hacia el responsable de su ausencia.
Estoy muerto. Ya ni siquiera recuerdo hace cuánto.
Mi vida debió terminar hace mucho, pero no de esa manera. No para volver.
Soy un hijo de la noche. Un vampiro.
La luna es mi sol. La sangre mi alimento.
Mi existencia es una fantasía. Ya no la distingo bien de la realidad.
Sólo tenía un refugio que me protegía del caos. Ahora, ya ni siquiera eso tengo. También se me quitó.
Me queda sumirme en un sueño profundo y meditar mi actuar.
Pronto estaré arribando a tierras lejanas.
Falta poco. El movimiento de las olas me lo susurra al oído.
Estoy llegando.
Oigo las voces de los marineros y siento el parco movimiento del barco.
La luna brilla más que nunca, incluso, tan salvajemente que siento como si me estuviera dando la bienvenida a estas tierras desconocidas para mi.
Hay estrellas. Muchas. Tal vez seres del pasado que miran hacia abajo, como intentando reconocer al menos vagamente, viejos lugares por donde pisaron alguna vez. Quizás, sólo luces en el cielo (¿Acaso estarás tú entre ellas?)
Lejos, los murciélagos cantan su canción una vez más, como si fuera un arrullo para dormir a los niños.
El viento los acompaña interpretando la melodía eterna de su canto.
El aire tiene aroma a vida en su ir y venir. Rebosa de frescura. Y huele a flores.
Siento envidia por quienes pueden disfrutar de todo ello.
Porque todo es hermoso y tú no estás para apreciarlo a mi lado.
Inmortal...
¿Y para qué me sirve la inmortalidad si no estás junto a mi para hacerla más leve?
Ayer mis días cambiaron para siempre (sea lo que sea que dure eso).
Todo el dolor que llevo se convirtió en sed de venganza, sed de la sangre de tu asesino.
Ya llegué.
Aunque el mundo siga pareciendo el mismo, no lo es.
Sé que cambió.
Y yo con él.