lunes, 25 de diciembre de 2006



En una noche de luna llena
te escapaste de un cuento de vampiros.
Atravezaste la puerta del Jardín
de la Eterna Juventud
llevándote contigo el aroma de sus flores.
El tiempo para tí no tiene fin...
quizás, tampoco principio.
Te escapaste de un cuento de vampiros.
Las sombras de la noche
y la luz de la luna
hacen nacer de tus ojos
un brillo que oculta misterios.
Y llevas silencios guardados
que esconden tristezas.
Escuchar tu voz
es oir los sonidos de la eternidad.
Mirar en tus ojos
es descubrir a un ángel de la noche.
Tocar tus cabellos de oro
es comprobar la tibieza de los rayos del sol.
Sentir el fuerte abrazo de tus manos
es saberme protegida.
En una noche de luna llena
te escapaste de un cuento de vampiros.
Bendita sea aquella mágica noche
en la que atravezaste la eternidad
y te pude conocer,
hermoso hijo de la noche...
Y a la inmensidad
de mi corazón oscuro y con miedo,
llegan los acordes de una canción.
Te escapaste de un cuento de vampiros...
y ahora eres el dueño de mi alma.

miércoles, 20 de diciembre de 2006

Historias de vampiros I


Inmortal. Suena eterno. Largo. Con algún remoto principio, pero sin final. Aunque, ¿quién sabe? Todo debe tener un final en algún momento.
Pero hay quienes osan desafiar lo que por lógica debe ser. Son los rebeldes de la vida.
Tal vez haya quienes anhelen esa inmortalidad, ese transitar edades completas; ese saber que mañana te vas a despertar, y también pasado mañana, y al día siguiente y todos los demás días... Hay quienes se fascinan con el sólo hecho de pensar en una vida eterna. Y hasta harían cualquier cosa por obtenerla...
Pobres de ellos.
Tan sólo puedo compadecerme de su estupidez.
Porque evidentemente, no entienden nada.
No hay peor castigo que la eternidad.
No existe absolutamente nada más espantoso que el hecho de saber que siempre vas a despertar al día siguiente, y al otro, y al otro...
Ver que todos a tu alrededor crecen, envejecen y mueren, mientras que tú permaneces incólume al paso del tiempo, desafiando a la naturaleza, burlando a los años.
Huir de cada lugar porque empiezan a sospechar de ti.
No recordar siquiera cómo es un amanecer. Haber olvidado ya sus colores, su aroma, su esencia. La tibieza del sol...
Inmortal...
Es saberte tiempo que pasa y nunca se detiene.
Tiene gusto a tragedia esa palabra. Gusto a sufrimiento, a dolor. A ver y no ver al mismo tiempo. A saber que debiste dejar este mundo hace mucho, pero por una mala jugada del destino, seguís ahí parado, esperando ansioso a que llegue tu turno, sabiendo que tal vez debas seguir ahí por muchos siglos más.
Tiene gusto a cárcel esa palabra. A sentirte prisionero de vos mismo. A querer, por momentos, terminar con todo... y por momentos no. Por miedo. Porque no sabés qué hay del otro lado. Qué te va a esperar para todo lo demás. Miedo a un calvario peor al que "vivís" (si a esto se le puede llamar vida). Miedo a la oscuridad total. Miedo al infierno que estás seguro, te está esperando al cruzar el umbral que hace tanto esquivaste...
Y te preguntás por qué seguís acá. Por qué no te fuiste. Por qué tuviste que volver de ese sitio de paz que aun hoy recordás, y al cual sabés, no vas a volver jamás.
Inmortal.
Es tener ya tanto para recordar que no te alcanza la memoria para guardarlo todo. Aunque a veces es mejor. Te evita sufrir... Pero no tanto como quisieras.

Ayer me enteré que acabaron con quien supo mantener un soplo de esperanza en mi ser.
Yo la amaba; si es que aun soy digno de tan grandioso sentimiento.
Era quien me hacía ver los días de un modo diferente. Me daba esperanza. Me daba ilusión. Traía paz a mi corazón detenido hace ya tantos recuerdos.
Era capaz de convertir la realidad triste y lúgubre, en algo hermoso, digno de un cuento de hadas.
Sus ojos eran un hechizo bendito por el paso de largas horas inmemoriales.
Su risa era como una melodía de la eternidad.
Ella me daba su amor en caricias, besos, palabras. Incluso, hasta en silencios...
¿Cómo he de afrontar ahora, este miedo tan cercano, esta melancolía, este dolor que siento nacer desde lo más profundo?
¿Cómo hacer para seguir y seguir por esta senda de tinieblas sin ella a mi lado para ponerle algunas flores y algo de encanto a tanta oscuridad?
¿Cómo no perderse en la inmensidad de un instante? Sabiendo cuánto sufrió, cuánto lloró, ¿como calmar esta sed de venganza?
Resulta imposible aplacar un sentimiento que crece minuto a minuto. Ya sea de amor... o de profundo odio. Amor hacia ella. Odio hacia el responsable de su ausencia.

Estoy muerto. Ya ni siquiera recuerdo hace cuánto.
Mi vida debió terminar hace mucho, pero no de esa manera. No para volver.
Soy un hijo de la noche. Un vampiro.
La luna es mi sol. La sangre mi alimento.
Mi existencia es una fantasía. Ya no la distingo bien de la realidad.
Sólo tenía un refugio que me protegía del caos. Ahora, ya ni siquiera eso tengo. También se me quitó.
Me queda sumirme en un sueño profundo y meditar mi actuar.
Pronto estaré arribando a tierras lejanas.
Falta poco. El movimiento de las olas me lo susurra al oído.
Estoy llegando.
Oigo las voces de los marineros y siento el parco movimiento del barco.
La luna brilla más que nunca, incluso, tan salvajemente que siento como si me estuviera dando la bienvenida a estas tierras desconocidas para mi.
Hay estrellas. Muchas. Tal vez seres del pasado que miran hacia abajo, como intentando reconocer al menos vagamente, viejos lugares por donde pisaron alguna vez. Quizás, sólo luces en el cielo (¿Acaso estarás tú entre ellas?)
Lejos, los murciélagos cantan su canción una vez más, como si fuera un arrullo para dormir a los niños.
El viento los acompaña interpretando la melodía eterna de su canto.
El aire tiene aroma a vida en su ir y venir. Rebosa de frescura. Y huele a flores.
Siento envidia por quienes pueden disfrutar de todo ello.
Porque todo es hermoso y tú no estás para apreciarlo a mi lado.
Inmortal...
¿Y para qué me sirve la inmortalidad si no estás junto a mi para hacerla más leve?

Ayer mis días cambiaron para siempre (sea lo que sea que dure eso).
Todo el dolor que llevo se convirtió en sed de venganza, sed de la sangre de tu asesino.
Ya llegué.
Aunque el mundo siga pareciendo el mismo, no lo es.
Sé que cambió.
Y yo con él.

domingo, 17 de diciembre de 2006


Soy hija del viento y la locura...
Me rijo por la brisa que me lleva por la vida
sin lugar fijo al cual arribar por las mañanas.
Me dejo guiar por mis instintos, aunque suelo pensar mis actitudes,
aunque casi nunca llegue a respuestas acertadas,
aunque suelen hacerme sonreir de a ratos.
Llevo la insignia de mi mundo.
Un lugar hecho exclusivamente para mí,
y con las reglas justas que sólo yo entiendo,
con una filosofía para todos extraña,
con actitudes que nadie comprende ,
con gustos, palabras y sensaciones tan mías de "mi",
tan propias, que nadie las puede imitar.
Mi mar no tiene fondo.
De esa forma me permite nunca anclar en ningún lado.
Vagar por la vida, danzar con la brisa, brillar con el sol,
soñar con la luna, llorar con la lluvia...
No pertenecerle a nadie y no dar explicaciones de mi hoy.
Soñar, ser idealista, ser militante de mis metas, mis anhelos...
aunque nadie los comparta.
Soy yo. Este es mi mundo, se los presento.
Quienes quieran vivir en él serán aceptados.
Sólo hay una única regla.
Aquí uno se rige por su propia pasión,
uno mismo escribe sus reglas.
Así se rige este mundo.
No. No es una caja de cristal. Tampoco una burbuja.
No, no, no.
Es mi mundo interior, es como soy realmente.
Y si hay acaso alguien que no lo entienda o no lo comparta...
será tal vez, quizás, por la falta de sueños,
la falta de ideales, la falta de sensibilidad.
No debe importar lo que el otro diga si uno cree ser feliz.
Tal vez les haya faltado niñez...
O puede ser también que sea
por no tener como padre al viento
y como madre a la locura.

viernes, 15 de diciembre de 2006


Buenos Aires,
ciudad de misterio, encanto y desenfado.
Ciudad de luz,
de fábulas lejanas.
Niña rebelde con fantasías,
con aires de grandeza.
Que tantas veces traicionas a quien te da confianza,
con tu manto de noche seductora,
con tus luces de calle Corrientes,
de 9 de Julio, Lavalle y Callao.
Ciudad trasnochada,
que guardas secretos bajo tus calles,
como tesoros ancestrales que prefieres no mostrar.
Ciudad amante, ciudad engaño,
ciudad deseo, ciudad ensueño.
Déjame verte, quiero explorarte,
muéstrame el brillo de tus entrañas,
tu misticismo, crepúsculo y alba.
Te llevo siempre dentro de mi,
ciudad aurora, ciudad del alma.
Llévame siempre junto contigo,
ciudad de magia, ciudad gastada.
Niña mimada, antagonista;
una balada, eco de artistas.
Alma de musa, mujer apasionada.
Llena de vida, ángel de grana.
Mi Buenos Aires,
como un hechizo...
Esa que tiene en su aprendizaje,
algo de triste y algo de encaje.

jueves, 14 de diciembre de 2006




Acostumbrándome a escuchar el sonido de tu alma,




Voy creando cuentos inconclusos






Con el brillo de tus ojos lejanos...

martes, 12 de diciembre de 2006

El Laberinto


El laberinto se cerraba en torno a mi... Me asfixiaba, me hacía correr más y más rápido para intentar huir de su sepulcral oscuridad.
Tenía la sensación de estar sumida en una gigantesca sombra que crecía a mi alrededor.
Sus altísimas paredes parecían infinitas... no dejaban ver la luz de afuera... Hasta llegué a creer que "afuera" ya no existía.
Todo giraba y giraba y giraba... Y por más que alternara por diferentes caminos, todo era inútil... el sentimiento era siempre el mismo... La pesadumbre en el alma, la pregunta inconclusa, la respuesta anhelada, el malestar postergado...
El sendero de piedra no cambiaba, solamente doblaba hacia un lado y hacia otro, pero siempre me devolvía al punto de partida. Al mismo punto de partida que no podía evadir... que me perseguía, me agobiaba, e intentaba hacerme caer a cada paso...
El laberinto me consumía... Me hacía perder la noción de tiempo y espacio.
Me sentía engañada, defraudada.
Y una idea que había estado rondando en mi mente desde el principio, comenzó a ganar lugar y cada vez la escuchaba más fuerte... me gritaba...
No había una salida... Esa era la verdad del laberinto... Una verdad que desde el comienzo se intuye pero que uno se esmera en descartar porque no es lo que se desea.
Cuando entendí eso, simplemente me dejé caer en mi lugar.
Me senté a esperar que el paso del tiempo hiciera su trabajo.
Es que dicen que el tiempo es sabio... que sabe curar heridas... que permite olvidar... tal vez para siempre...
Y pensando en eso, me recosté en el laberinto...
Lo último que vi fue algo que parecía una estrella en algo que tal vez fuera el cielo.
Y luego, cerré los ojos...

lunes, 11 de diciembre de 2006


Permíteme quebrar el silencio que generan tus pasos.
Déjame sentir el arrullo ausente de tus palabras.
Condúceme a entender que el mundo no deja de girar sólo por una lágrima.

Y luego de todo eso, miénteme.
Miénteme en un sueño despoblado de recuerdos.
Un sueño habitado sólo de fantasía.

Porque en definitiva aprendí
que sólo el soñar puede mantenernos vivos.
Que apenas una ilusión
es capaz de mucho más que la simple realidad.
Y que en los ojos
se encuentra el mundo particular de cada quien.

Sólo hay que saber observar...